Marcelo Mancini
Carrera: Relaciones Públicas
1° cuatrimestre de 2012
Para los argentinos el fútbol es el deporte por
excelencia.
Representa la disciplina deportiva de elite y esto se
ve reflejado en la popularidad de sus jugadores y en las sumas de dinero que se
manejan, tanto en los contratos y los pases de los jugadores como en los
ingresos publicitarios de los clubes.
Sin embargo, al analizar la definición de deporte nos
encontramos con diferencias significativas con la disciplina futbolística. La
Real Academia Española define al deporte como la actividad física, ejercida
como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a
normas y realizado por gusto o desinteresadamente. Precisamente, la condición
desinteresadamente no parece ser la característica de este deporte.
Desde tempranas edades, los niños que se dedican a la
práctica del deporte se manejan en un entorno de presiones extremas tanto de
los entrenadores como de sus padres.
Los entrenadores buscan el éxito a cualquier precio con
el objetivo de ser reconocidos por sus pares. La mayoría de los padres buscan
el éxito deportivo de sus hijos con el fin de alcanzar un objetivo económico.
Para mucho de ellos es la única posibilidad de lograr una movilidad social
ascendente.
Al analizar las manifestaciones familiares en una
jornada deportiva, encontraremos argumentaciones lejanas a la realidad que
sobreestiman las capacidades deportivas de sus hijos, creando falsas
expectativas de desarrollo profesional y en algún momento generando
frustraciones que se mantendrán a lo largo de la vida de sus hijos.
Si analizamos el fútbol profesional observaremos un
paralelismo entre los aficionados de un club deportivo y los familiares de los
niños que comienzan a practicar el deporte. Los aficionados ven a sus equipos
bajo una óptica irracional y transforman situaciones reglamentariamente
ilegítimas en irregularidades de la terna arbitral.
El objetivo del aficionado es que su equipo alcance el
triunfo para llegar el día siguiente a la oficina con la frente alta y con la
posibilidad de burlarse de sus compañeros simpatizantes de otros equipos de
fútbol. El aficionado transforma el éxito de su equipo en un éxito personal
como si hubiera participado del logro deportivo.
En definitiva, en el fútbol se ve reflejada la sociedad
y una sociedad violenta, desordenada y sin valores morales, nos entrega una
disciplina deportiva con las mismas características.
Para otras disciplinas deportivas, el amateurismo
representa una condición esencial para mantener los valores deportivos y por
ello los dirigentes no quieren profesionalizar estos deportes e ingresar al
mundo del esponsoreo que exige logros inmediatos a cualquier precio. Sin
embargo, al analizar el fútbol profesional de otros países, no vemos las mismas
características amorales del fútbol argentino.
Sin dudas, la sociedad influye en la práctica deportiva
del fútbol y lo que corrompe no es el profesionalismo sino la masividad de este
deporte, aunque debemos reconocer que aquel que practica una disciplina
deportiva amateur sin percibir un beneficio económico, ha encontrado una
motivación superadora que lo coloca un escalón por encima de los deportistas que
practican una disciplina rentada.
Como conclusión podemos afirmar que si bien el
fútbol es un deporte muy popular y que
genera un gran negocio económico y publicitario, está muy lejos de representar
la elite deportiva que pretende ostentar.