30 noviembre 2014

Ensayo:

  VIAGRA: PUBLICIDAD Y CONSUMO MASIVO

FRANCO MARTIN MOTTA
(Alumno de TEORIA DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL de la Universidad Kennedy)

Vivimos en una sociedad de consumo. Esta afirmación es moneda corriente en nuestros días. ¿Pero en qué se vivencia? El hombre se encuentra impulsado al consumo de todo tipo de productos, desde alimentos y tecnología hasta ideas y modos de vida. Si bien podríamos considerar que desde tiempos remotos el intercambio de bienes (ya sea como trueque o a través de papel moneda) fue indispensable para la organización y reproducción de las sociedades, hace algunas décadas la masificación de la adquisición irrestricta de bienes y servicios ha crecido de forma desproporcionada. Ya no se trata de satisfacer necesidades básicas como alimento y abrigo, va mucho más allá, se ha transformado en una tiranía.


Esto se ha dado, en parte, gracias a la publicidad. Los publicistas han logrado transformar las mercancías en objetos perecederos, que deben ser intercambiados para no perder cierto “status” de novedad. Tener “lo último” es tener lo más valioso, lo que se usa, lo que está “de moda”. No tenerlo implica estar fuera del círculo de consumo. No poder consumir, no poder tener esos objetos preciados que vemos en las calles, la televisión y las revistas genera frustración, desprecio, un vacío que no se puede llenar más que con la misma compra. Pero este espacio a ocupar, ¿es un espacio real en términos de necesidad de subsistencia? ¿O es creado artificialmente? Suscribimos a la afirmación de la segunda pregunta. De ninguna manera creemos que esto sea natural, sino “naturalizado”. Proceso por el cual se toma como “dado por naturaleza” un hecho que tiene causas sociales. No será cuestión de este trabajo intentar visualizar la salida de este embrollo, una sociedad sin consumo masivo, pero abrimos a la posibilidad de nuevas formas de relación con los objetos.
Dentro de este contexto de consumo nos interesa destacar el de la industria farmacéutica, relacionado con la utilización de la llamada “pastilla azul”, “viagra”, en cualquiera de los casos la droga citrato de sildenafil y la publicidad. El viagra es una droga que fue creada inicialmente para tratar inconvenientes cardíacos; años más tarde se descubre sus efectos en la irrigación sanguínea del pene y consecuentemente se utilizó para tratar la disfunción eréctil. Intentaremos desarrollar los diferentes aspectos de dos publicidades seleccionadas del laboratorio más reconocido que las produce (Pfizer) según la concepción de Roland Barthés y con ello una crítica hacia las formas de comercialización y publicitación masiva de drogas.
En la primera publicidad (1) se ve un hombre en posición durmiente decúbito ventral sobre unas sábanas blancas diáfanas. El hombre parece estar durmiendo, pero en su rostro se ve una mueca de sonrisa. En la parte inferior se aprecia una franja blanca y en la esquina inferior derecha la famosa “pastillita azul” que está iluminada en su parte superior.
El color blanco connota pureza, la ropa de cama se ve limpia y levemente desordenada. El hombre también es “blanco”, esto se puede tomar como en isotopía. Aquí claramente se ve una intencionalidad hacia la pureza, que está relacionada con viejas teorías de superioridad racial que aún hoy se ven en las publicidades y en la vida diaria. Los modelos en general siguen siendo de tez clara ya que es el modelo hegemónico de belleza impuesto. Además, no tiene vello en el torso, aunque levemente en los brazos. Esto también se relaciona con el modelo de belleza, hoy en día el vello corporal no es “estético” y pocas veces se ve como una característica agradable. Se pueden observar publicidades que lo toman a gracia o como algo “antihigiénico”, cuando en otras épocas connotaba masculinidad. También se denota una claridad en la parte superior de la pastilla, en isotopía con el resto de la imagen.
Además, el hombre está con una mano por debajo de la almohada. Se podría pensar que connota una cuestión fálica de penetración, él estaría penetrando con su mano por debajo de las sábanas blancas. Por lo tanto, penetrando en la pureza, con su mano y antebrazo velludos, masculinos. Refuerza el sentido del producto, que es un medicamento para mejorar la irrigación sanguínea, específicamente al pene y lograr erecciones más eficaces. Esto no hace más que reforzar el sentido de “sujeto que penetra”, fortifica la idea de que el hombre se define sexualmente por la penetración, que no hay otra vía de llegar a ese cansancio y satisfacción que connota la imagen, a ese éxtasis de placer sexual.
Por último se destacan en la imagen dos rasguños en la espalda del protagonista, son dos lastimaduras que se ven frescas y poco profundas, pero lo suficiente para dejar la marca. De esto en principio se puede interpretar que actúa como función de anclaje. En esa cama, diáfana, blanca, pura, hubo una relación sexual intensa. Connota que la pareja de este hombre, en el acto y por su vigorosidad, lastimó su espalda con sus uñas. En esta lastimadura, podemos interpretar no solo esto, sino que también una relación (¿in?)-directa entre el placer y el dolor. ¿Por qué la pareja habría lastimado su espalda? El hombre recibe estas lastimaduras porque la fuerza, la “dureza” del sexo, en principio aparentemente a causa del hombre y de la pastilla, estarían infligiendo tanto placer (o dolor) a la pareja que esta no pudo más que devolverlo a través del rasguño.
En la segunda publicidad (2) se denota un hombre y una mujer, vestidos de blanco, en una situación de atardecer bajo un árbol. Ella tiene en la mano una esfera celeste que le estaría entregando a él. En el borde superior derecho se ve la marca del producto.
En primera instancia podemos interpretar que la situación que plantea es la del génesis, Adan y Eva. Intenta hacer una parodia de dicha historia hartamente conocida en donde ella entrega la manzana prohibida que es la responsable del destierro de ambos personajes del Paraíso. En este caso, la manzana es una esfera del mismo color del producto, que es el mismo color que el del logo de Pfizer, todo en isotopía.
El color blanco, nuevamente connotando pureza, por ser los primeros habitantes del mundo, sin pecado. Pero sus miradas ya demuestran algo de lujuria, sexo, se miran apasionadamente. Ella está en una posición servil, él más relajado, esperándola y atendiendo su belleza. La ropa de ella es levemente transparente, lo que destaca su figura sensual, y en él podemos ver que la camisa blanca se abre un poco en la zona genital, viéndose un poco el tiro del pantalón, claramente con connotaciones sexuales.
Habiendo analizado ambas publicidades, y con el bagaje de vivir en esta época (de haber visto millones de ellas, día a día con solo prender el televisor, o salir al a calle, o leer una revista) nos planteamos en particular y en general, analizar el impacto que tiene en el público.
Como ya hemos visto, la publicidad abarca todo tipo de productos, bienes y servicios. Las restricciones que se le imponen son mínimas, los costos muy altos pero con gran repercusión si están bien enfocadas. Cualquier empresa, con un equipo de marketing y publicidad creativos pueden colocar y posicionar en el mercado lo que pretenden vender.
El ansia de consumo está en todos los estratos, clases, edades y generaciones y las publicidades, si bien pueden seleccionar según encuestas el medio para intentar captar cierto tipo de público, nos llega a todos. ¿Pero qué impacto genera en el público la publicitación masiva de medicamentos?
El siglo XX ha visto crecer una de las industrias más poderosas del mundo actual, posee un volumen de ventas incomparable, de los mayores que existen. A través de pastillas principalmente (aunque también jarabes, cremas, inyectables), todos los días acrecientan su poder económico.
Vivimos en un tiempo de drogas, tanto legales como ilegales. Para cada problema hay una pastilla, una crema, una hierba, un gel. La incorporación de los mismos es de uso habitual, los hay de venta libre y también con receta, aunque el acceso a estos últimos es más fácil de lo que debiera, y muchas personas logran adquirirlos sin la necesaria prescripción médica. ¿Y cómo no querer tenerlos si nos prometen una vida mejor? Nos inyectan imágenes idílicas, soluciones instantáneas a los problemas cotidianos con un vaso de agua y un medicamento, ¿y pretenden coartar su adquisición? Es quizá, una pretensión que sirve de escudo, para no admitir ni accionar en contra de la venta sin receta. Los empresarios estiman más el crecimiento económico que la responsabilidad social.
Para este objetivo principal utilizan todas las herramientas disponibles. En las publicidades anteriormente analizadas vemos que el sexo, la provocación y hasta un recurso histórico son válidos y aceptados. Fueron solo dos ejemplos de este producto específico, pero como ya tiene varios años circulando en el mercado mundial no son los únicos.
En general podemos apreciar la falta de información de los mismos, en ninguno aparece nada respecto de la droga, cual si vendieran la ropa de cama o la vestimenta en el segundo caso. En ambas publicidades el color celeste y la pastilla funcionan como anclaje para que sea entendida en esos términos, que se note que esa sexualidad emanada no es casual, ni pretende vender otra cosa que no sea la pastilla, y en definitiva, connotando los placeres que comprarla podría traer.
En ambas vemos gente joven, aún más en la segunda, esto atrae no solo al público adulto, quizá su consumidor principal por cuestiones degenerativas de las funciones sexuales, sino a los jóvenes que también podrían necesitarlo por algunas patologías de disfunción sexual. Sabemos muy bien que en la mayoría de los casos esto no es así. Los jóvenes lo consumen por inseguridad, por miedo a fracasar en su desempeño y rendimiento. Estos en general acceden a través de venta sin receta y las utilizan sin control, muchas veces a repetición incrementando los efectos adversos. En ninguna publicidad se muestran los efectos adversos, ni siquiera se nombran. Con suerte podemos encontrar un epígrafe reglamentario que nos invita a consultar con nuestro médico o farmacéutico pero que es mínimo en comparación con todo lo connotado.
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Así, podríamos seguir analizando las diversas publicidades de la industria farmacéutica, encontrando más y más recursos comparables a los de otras industrias. Es quizá, un objetivo de los poderes legislativos en particular y de la sociedad mundial en general, conocer y analizar profundamente las consecuencias directas e indirectas de este fenómeno e intentar restringir o reglamentar las publicidades de venta de medicamentos, para que todos tengamos acceso concreto a la información real, que una pastilla no es un caramelo, que consumirla tiene otros efectos, a veces inesperados, y que a través de ella no conseguiremos, de ninguna manera, el Paraíso.